El bosque pintado de Oma

Emplazado en el hotel Barceló Bilbao Nervión, este mural se inspira en la intervención artística de Agustín Ibarrola en el bosque de Oma (Omako basoa, en euskera). La idea de esta instalación para el vestíbulo del establecimiento nos permitió reinterpretar una de las obras más celebradas del land art en nuestro país, a la vez que referente internacional del denominado arte público. Como en otras obras de dicha corriente artística, la localización exterior es un elemento primordial. Es más, el propio paisaje asciende de categoría y, de mero modelo, pasa a erigirse en el objeto mismo de la creación. En este caso, los troncos de los inmensos pinos se han convertido en el lienzo del pintor y escultor vizcaíno.

Al tratarse de un alojamiento con vocación ecourbana, buscamos acercar a un entorno metropolitano la belleza de ese espacio natural –la reserva protegida de Urdaibai– mediante la relectura del bosque animado creado por Ibarrola. De hecho, el propio autor concibió su intervención como una muestra del antiguo vínculo entre naturaleza y presencia humana. No olvidemos que en ese mismo entorno se halla la Cueva de Santimamiñe, con pinturas rupestres de 15.000 años de antigüedad. Trasladado al lenguaje del diseño, este enfoque conceptual nos ha brindado una oportunidad única para promover y celebrar el arte público, así como para descubrir al visitante el gran patrimonio artístico y paisajístico de Bizkaia a través de un artista local.

Con esta versión muralística de la obra de Ibarrola conseguimos crear un juego de planos y colores que hace que el espectador experimente la profundidad del bosque.  Para su composición, hubo que diseñar y construir –combinando fabricación digital y técnicas tradicionales– 5.301 piezas de madera de 7x7 centímetros, con tres grosores y 33 colores diferentes. De cara a facilitar el montaje en el taller, así como el transporte y la instalación en el vestíbulo del hotel, el mural se dividió en 19 planchas de 279 teselas cada una. Una vez pixelada la imagen, se enumeraron las piezas una a una, asignando color, grosor y panel. Un trabajo de alta precisión para conseguir el efecto óptico deseado.

Esta reinterpretación digital del bosque de Oma, a través del pixelado, viene a ser una transcripción tecnológica del mundo natural. Al igual que la técnica pictórica del puntillismo obliga al espectador a acoplar mentalmente las múltiples pinceladas, aquí debe procesar y vincular la información que recibe mediante fragmentos de madera a fin de reescribir el conjunto y dar coherencia a la imagen. También en la obra original de Ibarrola, es la visión simultánea de varios troncos desde determinadas posiciones lo que acaba configurando las figuras geométricas, humanas y animales que pueblan su bosque encantado.

Concepto: Antonia Gómez. Realización: Antonia Gómez. Asesoramiento color: Carles Gispert. Producción: Indica Group. Fotógrafo: Juan Gavilán.